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La luz, la vida

Quieren los científicos que el universo empezó como una explosión. No sé si entonces ya había tal cosa, pero para la mayoría una explosión es una bola de luz. Muchas religiones, también, relacionan la luz con el principio (Fiat lux) o con la resurrección (el famoso túnel de las experiencias extrasensoriales al borde de la muerte).

En invierno, en el norte nos sentimos menos vivos, quizá por la ausencia de luz. No me extraña que proliferen los suicidios y los asesinatos más sórdidos, porque en ausencia de luz se cae en la depresión, que es una suerte de desesperación. Afortunadamente, quienes disfrutan con la fotografía tienen un medio de escape. Medir la luz para una foto es un modo no científico de medir el mundo. Cuando los ojos se detienen sobre los infinitos detalles de una esquina para evaluar cómo plasmarla sobre papel (hoy en día más a menudo sobre la pantalla del ordenador) lo que están haciendo es lo mismo que el poeta que da nombre a las cosas, como si con ello se las apropiara (tantas culturas pensando que el retrato te roba el alma…).

“Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas”

Pienso también en Borges, y en cómo desde su incómoda postura tumbado en la escalera el personaje de El Aleph trataba de describir la totalidad del mundo. Vano intento, por la magnitud de la obra pero también por la perspectiva. Me temo que nuestra experiencia del mundo es tan divergente que intentar compartirla sólo será posible por aproximación hasta que se invente la máquina de reproducir los pensamientos y las sensaciones, o sea, nunca. Mientras tanto, semejantes a los pintores de las cuevas prehistóricas, vamos “metódicamente” fotografiando para nuestro santuario lo que se nos antoja, hoy un paisaje, mañana una sonrisa, pasado tal vez unos gasómetros o el famoso jardín de la buena señora en Belgrano.

La foto de abajo me llevó dos minutos. La película estaba caducada y mohosa; por eso no importaba el despilfarro que en principio supuso fotografiar lo accesorio. ¿Pero qué es lo accesorio? La consciencia de las cosas es lo que les da su valor. En El Aleph, el pobre alucinado con pretensiones de poeta se creyó Dios. Yo espero que ningún fotógrafo se crea Dios, pero es cierto que, cuando estudias al sujeto, extiendes el trípode, mides la luz, amartillas el disparador… te sientes infinitamente más vivo. (Me gusta practicar la fotografía a la antigua :-)    )

He caído.

Pensaba que los blog eran lo máximo, hasta que le entraron a uno las dudas sobre la conveniencia de escribir (o pontificar) sobre lo divino y lo humano con tanta ligereza en la época de los buscadores. Además, sabiendo que los de Google andan archivando cada coma que escribimos, se le corta a uno bastante el vacilón. Para no decir que si mis amigos son tan perezosos como yo a la hora de visitar los blogs de sus conocidos aquí no se lee ni el tato. En fin, que caí en Facebook, y bienvenido sea. Eso sí que es ir al grano: se entra sin esperanza ni convencimiento y acabas comunicado incluso con amigos que no veías desde hace diez años, sin mencionar a los plastas desconocidos que te piden “amistad” (ojalá la gente fuera igual de osada cuando caminas por los centros comerciales: Oiga, me gusta esa chaqueta del Betis que lleva; yo tengo un primo del Betis; ¿quiere usted ser amigo mío?).

Y sucede que sin darte cuenta echas más tiempo en filtrar lo que no quieres que ciertas personas vean que en decidir qué publicar. Facebook es una herramienta muy afilada por su inmediatez.

Twitter es otra cosa. Como el busca (beeper) de los que no somos médicos ni tenemos prisa. Tiene un límite de 140 caracteres, incluidos los enlaces, pero si tu círculo es lo suficientemente amplio te pasas buena parte del tiempo dedicado a tus cañitas vespertinas revisando los tweets nuevos. Twitter unido a un teléfono móvil es un arma aún más afilada que Facebook, porque se parece a esas palabras que uno dice al desgaire en la barbería sin darse cuenta de que media parroquia está escuchando. Y ahora Google anuncia que ya está archivando todos los nuevos tweets en el momento en que se escriben. ¿A quién los ofrecaoaerá?

Hay una empresa, Tweet Bookz,  que te vende si quieres todos tus tweets en forma de libro, algo así como si te grabaran lo que dices al cabo de una semana y te lo pusieran en un DVD. No sé si Stephen Hawking usará Twitter o si el pobre puede teclear con la necesaria agilidad, pero me temo que ni sus tweets semanales ni los míos pasarían la criba de una publicación formal. Más aún, no me gusta la idea de que alguien pudiera estar grabando todo lo que digo por si algún día decido publicarlo, por muy original que fuera.

Respecto a Brizzly, es un servicio desde donde puedes gestionar a la vez tus cuentas de Twitter y de Facebook. Si todo lo anterior no te ha quitado las ganas seguir en las redes sociales, desde luego Brizzly resulta muy interesante y cómodo. Está en español, posibilita ver las fotos enlazadas directamente, y tiene un interface de usuario realmente claro.

El atraco

-Hombre, Manolo, ¿cómo te va?

-Fatal, ¿no te enteraste de lo que me pasó el otro día?

-Ni idea, cuenta.

-Pues que íbamos unos amigos al curro, y de camino nos salieron unos chorizos con navaja y nos quitaron todo lo que llevábamos.

-Qué desgracia. Nunca hay un policía cuando lo necesitas.

-No, sí había policías. Estuvieron observando todo el rato.

-¿Observando?

-Sí hombre. Se quedaron a unos seis metros de nosotros vigilando por si era necesaria su intervención.

-No fastidies.

-Nos dieron un apoyo moral del copón. Si no llegan a estar allí no sé qué habría sido de nosotros.

-Manolo, tú te estás quedando conmigo.

-¡Ay, es verdad! Que me equivoqué. La cosa no fue como te la cuento.

-Pues empieza otra vez.

-Pues era un pesquero vasco que salió a pescar en Somalia con toda su tripulación, y a media faena les salieron unos piratas con Kalashnikov…

Fotos estéreo

Lo prometido es deuda:

 

Un paseo

Ayer tarde di un paseo por la orilla del río. Hacía años que no recorrría la ribera, corriente abajo, hasta el pueblo siguiente. Tardé hora y media; no está mal teniendo en cuenta que iba sacando fotos estéreo mientras caminaba. La vereda discurre paralela al río, y el río a su vez paralelo a una carretera nacional bastante transitada, aunque los coches no se ven porque los ocultan los árboles. Se escucha, eso sí, un ruido sordo que se confunde con el del agua, porque es un río salmonero que nunca calla.

El efecto mantra del canto del río es muy poderoso. Las aguas bravas hablan con fuerza, y aunque pasees a solas no te dejan adormecerte. Te aturden, sí, pero te hacen estar más alerta; sin darte cuenta te estás fijando en detalles insospechados (la cámara que llevas al hombro ayuda), y la mente vuela. De repente, al lado del río, descubrí que estaba teniendo pensamientos de anciano.

Cómo ha cambiado mi pueblo. Las casas llegan a donde hace unos años había un hermoso prado en medio de la nada. El sendero que recorro, al que sólo resta que lo asfalten para ser la típica ruta (ciclo)turística tan al uso hoy en día en este país era en mi juventud una senda estrecha por donde andábamos en fila india, y en la que resultaba difícil sortear los tramos embarrados incluso en verano. Hay menos árboles y más maleza.

Me crucé con una antigua compañera de trabajo, ya jubilada, y su marido. Me adelantaron dos chavales en bici, sin saludarme, y reconocí en uno de ellos al hijo de otro colega. Pensé “a sus años yo estaría haciendo lo mismo, pero a pie”, y las comparaciones siguieron. El camino pasa como dije junto a una urbanización de nueva planta, donde antes había un baldío. Un alto muro de hormigón me impide ver los terrenos donde los niños que viven en las casas juegan, pero se oye bullicio y se adivina un ambiente lúdico que no he vuelto a experimentar desde que dejé mi barrio, más o menos a la edad que tienen los dueños de las voces. Un poco más allá, en el campo de fútbol, descubro a la mitad de la juventud de mi pueblo, ésos que siempre me preguntaba dónde andaban, porque los parques están llenos de jubilados. En mi juventud se jugaba al fútbol en las calles entre los coches. Parecía tan natural que cuando dejas de ver niños con balones delante de las casas te imaginas que o los han secuestrado o están viendo la tele o jugando con la Playstation. Y te equivocas. Los jóvenes son gregarios, sólo necesitas averiguar dónde se reúnen. Si les plantas el campo de fútbol en un páramo, allí harán su fiesta.

Me tomé un té bien negro al llegar a casa, temiendo a cada instante la aparición de síntomas de cansancio. Nada de eso: la tarde me había dejado un descubrimiento más feliz que el que habrían tenido los padres de Hamelin. Y el río con su rozar y lavar me proporcionó una suerte de mullido electroshock gratuito que no puedo calificar de desagradable. Cuando revele las fotos actualizaré esta entrada.

Leo en el diario La Nueva España de hoy que un abogado logró por vía judicial que un comerciante le devolviese el canon que había pagado por cuatro CDs. Alegaba el abogado que dichos CDs se habían usado para grabar material de juicios y que por tanto era material público que no debía estar sujeto al canon. Animaba a todos los abogados del país a negarse a pagarlo. ¡¡¡NO TE FASTIDIA!!! ¿¿¿Y las fotos de mi ahijado o de la playa de mi pueblo son propiedad de la SGAE??? Si tenemos que empezar a distinguir uno por uno entre los conteniidos de los CDs que se graban en este país mal vamos.

¿Quiénes hacen las leyes? Los abogados -quiero decir, los expertos en derecho. Ellos son los primeros que deberían haber sabido dónde se metían al admitir el canon digital. Pero aprobaron una ley que le proporciona equis céntimos a la SGAE cada vez que mi ahijado hace una gracia delante de mi cámara de vídeo, o cada vez que el anochecer en los Picos de Europa me incita a tirar de disparador. A los abogados les importa un pimiento, pero !ay!, ellos también usan CDs para grabar sus cosas. Así que reclaman y quieren que la SGAE cobre por todo lo que se grabe en un CD en este país excepto si quien lo graba es abogado.

Da asco.

Hace unas semanas, interesado por el tema, busqué información en la red y terminé comprando algunas cámaras para practicar y pasar el tiempo. Es una afición muy interesante y a la vez desconocida. Por ejemplo, hasta que Fuji presentó su cámara estéreo hace un mes no había un fabricante que ofreciese cámaras digitales 3D, y sólo unos pocos seguían fabricándo cámaras “de carrete” en la actualidad. Pero en los años cincuenta y sesenta eran relativamente populares, y se podía elegir entre multitud de marcas, con excelente óptica y resultado. Aparentemente, todavía se siguen usando aquellas piezas de museo para crear fotos 3D.

Propongo un par de enlaces:

http://home.att.net/~drt-3d/toys/realist/index.htm <– Web dedicada a la Stereo realist, modelo muy popular usado entre otros por el mismísmo Eisenhower.

http://www.stereoscopy.com/index.html <– Sitio con muchísima información y datos técnicos sobre modelos de cámaras

El caso es que el otro día me llegó la primera adquisición, no encontré rollos de diapositivas, así que tiré un carrete de negativos, los imprimí, escaneé las imágenes, las junté con Photoshop y… ¡funciona!

Puerto de Ribadesella

Puerto de Ribadesella

Escucho ultimamente las dos palabras del título usadas sin mesura. Sé que sucede en concreto en círculos relacionados con el gobierno autonómico asturiano, pero la moda se extiende como una peste por todos los medios de comunicación: “Asturias creará un centro de referencia sobre el carbón”, “La Laboral es un referente cultural en el norte de España”…

Veo alguna relación con lo que dije en un post abajo sobre cómo el compartir un entorno cultural nos modela, y acabamos pareciéndonos a nuestros vecinos, colegas o compatriotas en cuanto a la forma de pensar o expresarnos. Al margen de esto, creo que en vez de referente se podrían emplear de tanto en tanto palabras como modelo o ejemplo. Y así cuando escribiésemos seríamos una referencia de buena gramática ;-) ))

Vale, ya sé que es una tontería, pero no me resisto a publicar el final de la serie Correcaminos.

Señoras, señores, para todos los amantes del Coyote, aquí está por fin, la captura del bicho:

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Me he decidido a publicar una canción que me gusta, sólo para limar asperezas después del enorme post anterior. Además así pruebo qué tal funcionan los widgets de Grooveshark, que permiten escuchar la música sin tener que subirla previamente.

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