Fuentes web
Entradas
Comentarios

Fui citado como vocal de mesa electoral en las pasadas elecciones generales. Un policía local vino a mi centro de trabajo y me presentó el fatídico papel. Los dos estuvimos un rato charlando y riéndonos de mi mala suerte. La multa por no presentarse es -según entendí- francamente elevada.

El viernes 18 nos convocaron en el ayuntamiento a una reunión informativa, donde se nos informó de cuál era nuestra función, qué debíamos hacer y qué no. Nos entregaron un librito con el protocolo de actuaciones, y nos advirtieron que los responsables éramos nosotros y no debíamos dejarnos manejar por los interventores de los partidos políticos. En ese momento me di cuenta por primera vez del brete en el que estaba. Afortunadamente, nos dijeron que habría un representante de la administración cerca para consultarle cualquier duda. También nos dieron el teléfono de la junta electoral local por si acaso. La llamada corría por nuestra cuenta.

Desperté a las siete de la mañana del 20N y llegué al colegio electoral a las ocho.  Se despidió a los vocales suplentes (qué envidia) y a las ocho y media se constituyó la mesa. Empezaban los nervios por hacer bien las cosas.

Papeles que hubo que rellenar (aclaro que se escribían sobre papel copiativo, pero como sólo salen tres copias por modelo, hay que rellenar varias y darlas a firmar a todos los actores requeridos):

.-Acta de constitución de la mesa (una copia para cada partido político con interventores presentes, más dos para el juzgado más una para correos).

.-Acta de sesión congreso (una copia para cada partido político con interventores presentes, más dos para el juzgado más una para correos). Se consignan aquí en letra y número los votos obtenidos por cada uno de los partidos (16).

.-Acta de sesión senado (una copia para cada partido político con interventores presentes, más dos para el juzgado más una para correos). Se consignan aquí los votos obtenidos por cada uno de los CANDIDATOS, aproximadamente cuarenta.

.-Acta de escrutinio (una copia para cada partido político con interventores presentes). No sirve para nada, pero hay que dejar una colgada a la puerta de la mesa electoral.

.-Lista numerada de votantes, donde constaba en qué orden habían votado, qué nº tenían en la lista del censo y si habían votado al congreso, al senado o a ambos.

.-Justificantes de haber votado a quien los pidiera. Se hicieron muy pocos, ya que era domingo.

.-Recibo de los votos por correo.

Votó más del 70% del censo, lo que supuso que no hubo casi momentos “muertos” o de descanso. Si llega a votar el 100% me imagino que habría habido colas la mayor parte del tiempo. No había un tiempo establecido para comer. Hacia las once de la mañana, un interventor de un partido político se apiadó de nosotros y nos trajo café, que tomamos mientras atendíamos a los votantes. Hacia las dos y media nos empezamos a turnar para comer (30 minutos). Los interventores podían salir a fumar o a beber cuando quisieran.

A las nueve de la tarde se cerró la mesa. Todos los representantes de los partidos políticos estaban ansiosos por empezar el escrutinio, y nadie habló de cenar. Se procedió entonces a meter en la urna los votos por correo, a votar los interventores y finalmente los vocales. Estuvimos cosa de una hora y media haciendo el recuento de votos del congreso, porque al acabar de contar, resultó que nos faltaba un voto, y hubo que revisar todas las papeletas para comprobar dónde estaba el fallo. El procedimiento para el senado, con la posibilidad de elegir candidatos de distintos partidos, era más farragoso, y a las veinte papeletas se comprobó que había habido ya un error. Volvimos a empezar, con más cuidado, y no se volvieron a dar equivocaciones. Debo destacar que los interventores se portaron muy responsablemente, y no hubo disputas partidistas y comentarios polémicos.

Quedaba el tema del papeleo. Cada una de las actas mencionadas arriba debía ser firmada por los vocales y los interventores, pero en cuanto supieron el resultado es como si hubieran perdido interés en el procedimiento; salían al pasillo, hablaban por los teléfonos móviles y charlaban entre ellos sin atender a las peticiones de la presidenta de la mesa para que acudieran a firmar, lo que alargó el proceso innecesariamente. Eran las doce de la noche cuando se entregó al funcionario de correos el sobre 3, se sellaron los otros dos y nos dispusimos a acompañar a la presidenta para entregarlos en el juzgado. No había ni rastro ya de los representantes de la administración, y con nosotros sólo se había quedado un interventor, además de la guardia civil. La última duda procedimental, por tanto, no se pudo consultar y se arrastró hasta el juzgado, a donde llegamos sobre las doce y media. Allí se nos indicó que todavía nos faltaba colocar el acta de escrutinio a la puerta de la mesa para que cualquier ciudadano pudiera consultarla (el colegio electoral era un instituto de secundaria donde a esas horas sólo estaban las señoras de la limpieza adecentando el local). Dicha tarea le tocó nuevamente en suerte a la presidenta. Imagino que a las ocho de la mañana del día siguiente los chavalotes habrán hecho trizas susodicho papelaco, sin dignarse a leerlo siquiera.

Llegué a casa a la una de la mañana, y me dediqué por fin parsimoniosamente a cenar mientras miraba la tele sin ver nada. Tenía la vaga impresión de que había ganado el PP y el PSOE se había hundido, pero creedme, me importaba una mierda. Eso sí, a las siete otra vez en pie para ir al tajo.

Nísperos

He probado los primeros nísperos del año.

Ahora puedo decir que comienza el verano.

jugosos nísperos

Dejé que la lengua recorriera la piel de los frutos. En Babilonia, hace 3000 años, habría experimentado la misma sensación de plenitud. Siempre pensé que el cielo era sestear a la orilla del río tras comer de un melón bien maduro. Ahora corrijo: dadme nísperos del paraíso.

La antorcha de marras

Ayer me pasé por el Centro de arte rupestre Tito Bustillo aprovechando las jornadas de puertas abiertas durante la primera semana de apertura. Me recibieron unas chicas amabilísimas que me regalaron un bolígrafo y me explicaron en qué consistía la muestra y cómo funcionaba aquello.

Junto con la mini-guía y el boli me dieron un papelito que representaba una antorcha (ver a la izquierda). Se usaba para replicar el modo de iluminación de los habitantes de la cueva prehistórica, en conjunción con una célula fotoeléctrica, supongo. La idea es que en determinadas partes del museo hay vitrinas apagadas cuyo contenido se hace visible colocando el papelito sobre ellas.

Tengo que decir que a pesar de varias críticas que he escuchado estos días, me llevé una impresión positiva de las instalaciones. Naturalmente que se podrían haber hecho cosas mejores: podrían darnos un masaje después de la visita etc etc, pero se supone que el centro complementa la visita a la cueva propiamente dicha, que debe ser el hecho central de la experiencia. Por tanto el centro se resume en una serie de paneles informativos y vídeos panorámicos situados en un ambiente oscuro que recuerda las paredes de una cueva donde se explica con claridad lo que hay en las partes de la cueva a las que los visitantes no pueden acceder, y se exhiben documentales sobre el descubrimiento de la gruta. A la entrada hay una tienda minimalista de recuerdos y un espacio de consulta que, sorprendentemente, estaba equipado con ordenadores Apple Macintosh al lado de libros sobre la prehistoria. Punto.

Queda el detalle de la antorcha. Si lo que se pretendía era concienciarnos sobre las dificultades que tenían los magdalenienses para ver dentro de su hábitat subterráneo, lo lograron. Como novedad tecnológica está simpática, pero sinceramente, si lo que uno quiere es concentrarse en el contenido de las vitrinas y leer en paz los carteles informativos, me temo que la antorchita es una molestia más que otra cosa. Casi nunca funciona a la primera (como encender fuego a base de pedernal), y la luz que consigues nunca dura más de dos o tres segundos. Aquello acaba siendo una carrera contra reloj más que una experiencia didáctica.

Tanta modernidad te acaba haciendo añorar las entrañables antorchas de tuétano que, semi-invisibles, descansan en las vitrinas.

Cine cine cine

He adquirido recientemente varias cámaras de cine de 16 mm. y otra de 8mm. , por puro coleccionismo. Son objetos hermosos.

Los rollos de película que (todavía) se venden te permiten filmar un máximo de cinco o seis minutos, lo que te obliga a pensar qué estás haciendo. El revelado comercial es costoso. Hacerlo uno mismo en casa supone invertir tiempo y dinero también, pero ofrece la satisfacción de lo hecho en casa.

Espero acontecimientos. :-)

Kodachrome

Cómo se me puede haber pasado la noticia. El día treinta de diciembre de 2010 dejaron definitivamente de revelarse los rollos de la conocida marca de película fotográfica. Sólo quedaba un laboratorio en todo el mundo que pudiese realizar el proceso, el cual implicaba usar productos químicos que sólo Kodak fabricaba y que había dejado de suministrar hace años. En diciembre se agotaron las últimas partidas y desde entonces es absolutamente imposible revelar las imágenes expuestas en el tipo de película de color más exitoso del siglo XX.

Debo decir que aunque admiro la calidad de las fotografías que he visto realizadas con Kodachrome jamás disparé un carrete de esa película, así que no tengo experiencia de primera mano. En cambio, conservo un cartucho de Kodachrome 40 en SUPER 8, que compré en los años 90 para probar un tomavistas viejo y jamás revelé. Cuando allá por 2004 me dio por llevarlo al laboratorio, ya no era posible procesarlo en España. Ahí está, muriendo lentamente con las imágenes de mi madre asomada a la ventana y sonriéndome. Supongo que dentro de doscientos años será una pieza de museo, cuando no quede el recuerdo ni de mi madre ni de mí.

http://www.youtube.com/watch?v=mPvF1MOU2kE

Scheherezade

Ah la TDT.

Seréis como dioses, dijeron. Y era la TDT.

Sólo veo las series de Factoría de Ficción. Algún día claudicaré y pagaré para que me entretengan, pero hoy por hoy tengo internet. Por lo que respecta a la TV, lo único que me interesa son las películas, pero gratis solo ponen bodrios torturados a machetazos de anuncios y autopromociones. Así que, si acaso, veo alguna serie.

No me malinterpretéis, no veo Aida ni semejantes subproductos; disfruto con ciertas series policiacas como Mentes criminales, esta otra del policía pelirrojo que salió de la cárcel (ah, sí, Life) y alguna otra, pero siempre al borde del precipicio del zapping. Lo normal es que empiece capítulos que no termino de ver, o a veces pillo uno a medias y veo el final sin saber cómo empezó. Influye en esto el hecho de que no soy el Señor del Telemando, y en ocasiones son otros quienes tienen la palabra final en materia de elección de canal. El caso es que frecuentemente tengo la sensación de que lo importante no son las historias en sí lo que me mantiene pegado al televisor (tengo la seguridad de que al cabo de un tiempo más o menos dilatado veré en qué termina un capítulo particular), sino el hecho de estar viendo algo entretenido y no enteramente zafio, o soez (vid. supra, Aida o semejantes subproductos). Es como en las aldeas de antaño, cuando la gente escuchaba una y otra vez las mismas historias repetidas por el simple placer de oírlas contarse.

Llego cansado del trabajo a casa, me derrumbo en el sofá y dejo que la magia de FDF obre. Imagino que al sultán Shahriar le pasaba lo mismo a la noche, agotado de gobernar en Bagdad. Un placer extraño el suyo: escuchar día tras día historias magistralmente engarzadas, que van y vuelven y se entremezclan, sabiendo siempre que el final será interesante y gratificador.

Y entonces resulta que FDF es para mí Scheherezade.

Leo en La Nueva España de hoy el artículo de una tal Pilar Garcés, en el que descalifica al creador de Wikileaks por su supuesta actitud arrogante frente a Europa y América y por sus declaraciones ante la acusación de violación que pesa sobre él en Suecia. Al acabar la lectura, se confirman mis más negras sospechas: la campaña de descrédito contra Julián Assange está empezando a dar sus frutos.

Todos sabemos que una de las mujeres que lo han acusado de violación está a sueldo de la CIA, con la consiguiente pérdida de credibilidad -como mínimo- en sus argumentos. Desconozco si o cuánto cobra la señora Garcés del gobierno de los Estados Unidos, o si sólo es una tonta útil, pero ejemplifica con sus razonamientos la forma de pensar que se espera de alguien manipulado por una campaña de desinformación. Está hablando de una persona a quien se presume inocente, pero utiliza los cargos por violación para descalificar su actuación como webmaster y su actitud como profesional para inculparlo o al menos dudar de su inocencia en el caso judicial (recordemos que a día de hoy aún no hay cargos contra Wikileaks por la fuga de documentos secretos, aunque estamos seguros de que los habrá). Que alguien diga que lo que ocurrió fue “normal” es lo más lógico si está negando que haya pasado algo “anormal” o “ilegal”, y buscarle dobles sentidos a la palabra “normal” es presuponer la culpabilidad de quien la pronuncia, o directamente torticerismo (si tal término existe).

Esta mezcla de peras con manzanas me parece una absoluta falta de profesionalidad. Juntar ambos casos sólo estaría justificado si la fuga de documentos guardara relación directa con los supuestos abusos. Lo demás es utilizar éstos para embadurnar la reputación de una persona que, como sabemos, se tendrá que enfrentar en breve a una maquinaria judicial poderosa. Por cierto, desearía saber cuál es la opinión personal de la señora Garcés sobre la confidencialidad de las fuentes de información y sobre los límites de la libertad de expresión en materia periodística.

Acabo de ver el programa La Noria en Telecinco, cosa rara en mí. El presentador me cae mal desde siempre, y no recuerdo una sola intervención suya que no busque ganar share de forma fácil y zafia. Hoy, casualmente, estaba pensando mientras veía el programa que a lo mejor me había equivocado con el hombre y que debería revisar el concepto que tenía de él. Grave error. Al final se demostró que es el gran maestro de la telebasura (pero divago…)

El programa tuvo de interesante que es la primera vez que se les da a los representantes de los controladores aéreos la oportunidad de exponer su versión de los hechos del pasado puente de la Constitución. Sólo por eso mereció la pena verlo. Como en todos los debates televisivos -y más en un programa de telebasura- las interrupciones de toda índole no facilitaron la exposición de los distintos puntos de vista, pero se respetaron las formas y fue esclarecedor.

Cuando terminó, me quedé pensando en las cosas que han sucedido estos últimos días. Y me sorprendí reflexionando (no debería sorprenderme por estas cosas, supongo) que el hecho de que un colectivo minúsculo -el de los controladores aéreos- nos haya arrebatado un par de días de vacaciones ha provocado decretar el estado de alarma y el histerismo generalizado en todo el país, mientras que la medida de robarnos a todos dos años de nuestra vida (reforma de las pensiones con el consiguiente retraso de la edad de jubilación a los 67 años) tomada por otro minúsculo colectivo (los políticos que hemos votado) apenas ha merecido algún comentario. Oigo, eso sí, que los sindicatos anuncian que a lo mejor estudian la posibilidad de ver si es conveniente hablar de si se enfrentan al gobierno por medio de medidas como una huelga de un día o algo así. Todos recordamos el lamentable espectáculo de los dirigentes sindicales convocando a la huelga general y a la vez invitando a Zapatero a la celebración de Rodiezmo para cuando la pantomima hubiera terminado. Algo como cuando los policías del gran Sur de EEUU le pedían perdón al cacique racista del pueblo por tener que interrogarlo sobre el linchamiento de algún negro.

Si todos sabemos de qué lado estamos…

Leo en la prensa que las compañías de pago electrónico Visa y Mastercard han suspendido las cuentas desde donde se podía pagar para financiar Wikileaks. Lo mismo ha hecho PayPal, propiedad de eBay. Antes Amazon ya había desahuciado virtualmente al sitio web mencionado. La medida me recuerda un poco la actitud de Google frente a los activistas pro derechos humanos en China, cuando se aliaron con el poder frente a los ciudadanos de aquel país.

No estoy a favor de la piratería ni el terrorismo informáticos. Tampoco me gusta que los gobiernos que hemos elegido con nuestros votos hagan lo contrario de lo que prometieron o directamente conspiren contra nosotros comprando las voluntades de jueces o políticos extranjeros, falseando datos que obran en su poder para influir en nuestra opinión y mintiéndonos. Desgraciadamente, lo que he visto en la última década (las últimas décadas de mi vida, realmente) me reafirma en la convicción de que no hay un solo (sin tilde) gobernante que no actúe más en función de sus intereses de perpetuación en el cargo o para lograr favores personales de las grandes potencias económicas (me refiero a las empresas que cuando se retiren les facilitarán retiros de oro con jugosos ingresos) que buscando el bienestar público. Por eso vi con simpatía la aparición de Wikileaks.

Hasta que se demuestre que los responsables del website obraron con ánimo de lucro o por alguna otra motivación espuria, siento que son uno de los pocos mecanismos que al ciudadano de a pie le quedan para luchar de igual a igual contra la arbitrariedad de los gobiernos (de las personas que están en los gobiernos). Y pesa en mi balanza más su faceta de Pepito Grillo que la de malvado Patapalo. Porque no me fío de la prensa escrita ni televisiva: su papel en las últimas crisis geopolíticas ha sido lamentable.

Las acciones de las compañías a que aludo en el título, por su parte, me confirman que debemos estar muy alerta frente a quienes quieren amordazar la libre expresión (Naturalmente, habría mucho que hablar sobre dónde están los límites y qué debe ser considerado delito o no). Ahora más que nunca necesitamos una internet libre.

Curiosamente, la noticia del boicot por parte de PayPal a Wikileaks me va a venir muy bien. Cancelar mi cuenta con ellos me permitirá acabar de una vez con esta fiebre compulsiva de compras que padezco desde hace un año…

 

Enlaces:

Actualidad Orange

Diario El Mundo

Diario La Nueva España

No te formes. Guárdate las manos en los bolsillos y espera a que te llegue un empleo decente o muévete por ahí a ver qué encuentras. Quéjate de tu sueldo y aspira a ministro de fomento, o de sanidad. Colócate en un astillero y sal a la calle a quemar ruedas en las autovías cuando las condiciones de tu trabajo se hagan insoportables. Échales la culpa, con razón, a tus superiores. Entra a trabajar en la mina con 16 años y sin estudios. Échales la culpa, con razón, a tus superiores. Si aquello se vuelve insoportable ponte en huelga, o baja sobre las ciudades y pégales fuego para llamar la atención sobre tus reivindicaciones. Dispara sobre las autoridades y todo quien se cruce en tu camino. Hazlo en grupo y lleva una pegatina de algún sindicato de clase. Así tu nombre quedará en la historia como héroe del trabajo.

O, si puedes, elige un empleo bien remunerado y déjate las cejas para conseguirlo. Fíjate bien en las condiciones del contrato para estar seguro de que el sacrificio merece la pena. Finánciate una carrera y mátate a estudiar. Consigue acabar medicina sin perder cursos, y haz el MIR, para poder empezar a trabajar antes de los 30 años. Evita denuncias por negligencia o malas prácticas y no te enfurezcas cuando cambien las condiciones de tu contrato unilateralmente. Fórmate como ingeniero, piloto o controlador aéreo, da igual. Vive todos los días con la presión de que el primer fallo tuyo puede costar vidas, y a ti tu empleo, a cambio de saber que las condiciones económicas y laborales te compensarán. Si aquello se vuelve insoportable, échales la culpa, con razón, a tus superiores. Ponte en huelga, o no vayas a trabajar. Así verás a Pepiño por televisión llamarte sedicioso.

O también, si prefieres, hazte político. Llega a ministro de lo que sea, aunque no tengas ni idea, y blinda tu sueldo. Fíjate luego en los que vienen gritando. Si son muchos y reconoces las pegatinas de su sindicato, concede lo que piden si interesa. Pero si son pocos, aplástalos, especialmente si su formación y capacitación hace que hablen con dignidad u orgullo corporativo. Eso sí, asegúrate para poder sustituirlos de tener bastantes controladores en las fuerzas aéreas que estén capacitados y en condiciones de asumir la responsabilidad, porque si no te verás como te ves, con todo el personal vociferando y los aviones en tierra.

Entradas antiguas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.