Tengo que decir que a pesar de varias críticas que he escuchado estos días, me llevé una impresión positiva de las instalaciones. Naturalmente que se podrían haber hecho cosas mejores: podrían darnos un masaje después de la visita etc etc, pero se supone que el centro complementa la visita a la cueva propiamente dicha, que debe ser el hecho central de la experiencia. Por tanto el centro se resume en una serie de paneles informativos y vídeos panorámicos situados en un ambiente oscuro que recuerda las paredes de una cueva donde se explica con claridad lo que hay en las partes de la cueva a las que los visitantes no pueden acceder, y se exhiben documentales sobre el descubrimiento de la gruta. A la entrada hay una tienda minimalista de recuerdos y un espacio de consulta que, sorprendentemente, estaba equipado con ordenadores Apple Macintosh al lado de libros sobre la prehistoria. Punto.
Tito Bustillo y la modernidad
marzo 20, 2011 por ideasperegrinas
Ayer me pasé por el Centro de arte rupestre Tito Bustillo aprovechando las jornadas de puertas abiertas durante la primera semana de apertura. Me recibieron unas chicas amabilísimas que me regalaron un bolígrafo y me explicaron en qué consistía la muestra y cómo funcionaba aquello.
Junto con la mini-guía y el boli me dieron un papelito que representaba una antorcha (ver a la izquierda). Se usaba para replicar el modo de iluminación de los habitantes de la cueva prehistórica, en conjunción con una célula fotoeléctrica, supongo. La idea es que en determinadas partes del museo hay vitrinas apagadas cuyo contenido se hace visible colocando el papelito sobre ellas.
Queda el detalle de la antorcha. Si lo que se pretendía era concienciarnos sobre las dificultades que tenían los magdalenienses para ver dentro de su hábitat subterráneo, lo lograron. Como novedad tecnológica está simpática, pero sinceramente, si lo que uno quiere es concentrarse en el contenido de las vitrinas y leer en paz los carteles informativos, me temo que la antorchita es una molestia más que otra cosa. Casi nunca funciona a la primera (como encender fuego a base de pedernal), y la luz que consigues nunca dura más de dos o tres segundos. Aquello acaba siendo una carrera contra reloj más que una experiencia didáctica.
Tanta modernidad te acaba haciendo añorar las entrañables antorchas de tuétano que, semi-invisibles, descansan en las vitrinas.
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